El Mundial de Fútbol 2010 de Sudáfrica va llegando a su fin. Entre discusiones sobre la estabilidad emocional de la
pelota, el ruido fastidioso de las vuvuzelas y la desgracia arbitral, surge un equipo que rescata los valores más
importantes y tradicionales del fútbol. Me faltan adjetivos positivos para calificar la extraordinaria actuación uruguaya en
este Mundial. Usaré pues el adjetivo de moda en Lima: ¡Espectacular!
Ayer vi el partido semifinal en que Uruguay perdió en el marcador con los fríos y poco carismáticos holandeses. Gran
partido en el que los uruguayos mostraron un fútbol, un pundonor y un corazón que nos enorgulleció a todos los
latinoamericanos que sentimos esta actuación celeste como propia. Claro, hay algunos por ahí, envidiosos que no
comparten esos sentimientos, que son tan equivocadamente nacionalistas que no se dan cuenta que los sudamericanos -
incluido Brasil, distinto solo por el idioma- constituimos una sola gran nación. Como peruano, ausente de los mundiales
de fútbol por tantos años, y solamente viviendo del recuerdo de admirables equipos peruanos como los que tuvimos a
fines de los 50, y el equipo del 69 y 70 que fue al Mundial de México, desde antes que empezara la copa, he apoyado
y vivado a todos los equipos sudamericanos y a España.
El cuadro que más me ha emocionado, el que me ha hecho sufrir y gozar en sus partidos, es el cuadro uruguayo. Es que
el fútbol, que no quepa duda, es mucho más que un juego. El fútbol hace que los aficionados se apasionen a nivel calle,
barrio, a nivel provincia y a nivel país. Esto sucede con muchos deportes, es cierto, pero el esfuerzo colectivo en un
espacio tan grande, hace que nos identifiquemos con determinados equipos, y en el caso de la copa mundial con
determinados países.
Los cinco equipos sudamericanos han tenido una gran actuación en este mundial al quedar cuatro de ellos entre los ocho
mejores del mundo. Y, para los sudamericanos que no hemos podido estar en el mundial, estos equipos nos han hecho
sentir bien. Pero el que mejor me ha hecho sentir durante el campeonato es el equipo uruguayo. Ese no darse por
vencido, ese tratar de salvar la vida hasta el último instante, esa entrega de los jugadores no importa qué tan famosos
sean en sus clubes extranjeros, ni cuanta plata están poniendo en juego al arriesgar su integridad física, ese corazón que
se engrandece en la adversidad.
Merece una nota aparte Oscar Tabárez, el entrenador del equipo uruguayo. Un caballero. Un señor a carta cabal. Ha
dado sus opiniones de manera educada siempre resaltando las virtudes de su equipo y las de sus rivales, sin altanerías,
sin comentarios abusivos. Conduciendo al equipo uruguayo desde una clasificación Sudamérica difícil, con repechaje
ante los ticos hasta la cumbre de los cuatro equipos mejores del mundo, poniendo a su país a la par con Alemania,
Holanda y España. Gracioso y respetuoso en la derrota, encomiando a sus jugadores en cada oportunidad sin hablar de
él mismo.
¡Vaya trabajito, señor! Enhorabuena. Una lección de profesionalismo, de clase y hombría de bien.
Dice el Diccionario de la Real Academia que ¨pundonor¨ es el estado en que la gente cree que consiste la honra, el
honor o el crédito de alguien y ¨honor¨ es la gloria o buena reputación que sigue a la virtud, al mérito o a las acciones
heroicas, la cual trasciende a las familias, personas y acciones mismas de quien se la granjea.
En este Mundial 2010, Uruguay ha jugado con honor y con pundonor. ¡Gracias!
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