Uruguay en el Mundial
La salsa de la vida
por Guillermo Rose
¡Gracias Uruguay!
El Mundial de Fútbol 2010 de Sudáfrica va llegando a su fin.  Entre discusiones sobre la
estabilidad emocional de la pelota, el ruido fastidioso de las vuvuzelas y la desgracia arbitral, surge
un equipo que rescata los valores más importantes y tradicionales del fútbol.  Me faltan adjetivos
positivos para calificar la extraordinaria actuación uruguaya en este Mundial.  Usaré pues el
adjetivo de moda en Lima:  ¡Espectacular!

Ayer vi el partido semifinal en que Uruguay perdió en el marcador con los fríos y poco
carismáticos holandeses.  Gran partido en el que los uruguayos mostraron un fútbol, un pundonor
y un corazón que nos enorgulleció a todos los latinoamericanos que sentimos esta actuación
celeste como propia.  Claro, hay algunos por ahí, envidiosos que no comparten esos sentimientos,
que son tan equivocadamente nacionalistas que no se dan cuenta que los sudamericanos -incluido
Brasil, distinto solo por el idioma- constituimos una sola gran nación.  Como peruano, ausente de
los mundiales de fútbol por tantos años, y solamente viviendo del recuerdo de admirables equipos
peruanos como los que tuvimos a fines de los 50, y el equipo del 69 y 70 que fue al Mundial de
México, desde antes que empezara la copa, he apoyado y vivado a todos los equipos
sudamericanos y a España.

El cuadro que más me ha emocionado, el que me ha hecho sufrir y gozar en sus partidos, es el
cuadro uruguayo.  Es que el fútbol, que no quepa duda, es mucho más que un juego.  El fútbol
hace que los aficionados se apasionen a nivel calle, barrio, a nivel provincia y a nivel país.  Esto
sucede con muchos deportes, es cierto, pero el esfuerzo colectivo en un espacio tan grande, hace
que nos identifiquemos con determinados equipos, y en el caso de la copa mundial con
determinados países.

Los cinco equipos sudamericanos han tenido una gran actuación en este mundial al quedar cuatro
de ellos entre los ocho mejores del mundo.  Y, para los sudamericanos que no hemos podido
estar en el mundial, estos equipos nos han hecho sentir bien.  Pero el que mejor me ha hecho sentir
durante el campeonato es el equipo uruguayo.  Ese no darse por vencido, ese tratar de salvar la
vida hasta el último instante, esa entrega de los jugadores no importa qué tan famosos sean en sus
clubes extranjeros, ni cuanta plata están poniendo en juego al arriesgar su integridad física, ese
corazón que se engrandece en la adversidad.

Merece una nota aparte Oscar Tabárez, el entrenador del equipo uruguayo.  Un caballero.  Un
señor a carta cabal.  Ha dado sus opiniones de manera educada siempre resaltando las virtudes de
su equipo y las de sus rivales, sin altanerías, sin comentarios abusivos.  Conduciendo al equipo
uruguayo desde una clasificación Sudamérica difícil, con repechaje ante los ticos hasta la cumbre
de los cuatro equipos mejores del mundo, poniendo a su país a la par con Alemania, Holanda y
España.  Gracioso y respetuoso en la derrota, encomiando a sus jugadores en cada oportunidad
sin hablar de él mismo. 
¡Vaya trabajito, señor!  Enhorabuena.  Una lección de profesionalismo, de clase y hombría de
bien.         

Dice el Diccionario de la Real Academia que ¨pundonor¨ es el estado en que la gente cree que
consiste la honra, el honor o el crédito de alguien y ¨honor¨ es la gloria o buena reputación que
sigue a la virtud, al mérito o a las acciones heroicas, la cual trasciende a las familias, personas y
acciones mismas de quien se la granjea.

En este Mundial 2010, Uruguay ha jugado con honor y con pundonor.  ¡Gracias!

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