por Darío Vanegas
SEGUNDO PREMIO
VII CONCURSO DE CUENTOS NUESTRA PALABRA 2010
No solo lunáticos
Cuenta L.D. que la ciudad contrata personas para que actúen como lunáticas.  No dice cuántas.  Tampoco dice, tal vez porque no lo sabe, que la ciudad contrata hombres y mujeres para que visiten los parques, el tren, las iglesias o el estadio, y escuchen las conversaciones de los vecinos ocasionales.  No es espionaje.  Al menos no es ese que durante años ocupó a la policía.  Yo lo sé, porque en eso trabajo.  Acá no nos piden que grabemos.  Ni siquiera nos toca repetir lo que hemos escuchado.  A quienes seguimos ni siquiera hay que identificarlos.

Yo prefiero trabajar en las cafeterías.  Allí, muy pocos se cuidan y, con práctica, es posible seguir varias charlas al mismo tiempo.  En el tren, como muchos van dormidos, los que conversan lo hacen en voz muy baja y es muy fácil que el sueño también lo termine venciendo a uno.

Lo más importante es no llamar la atención.  Tener siempre algún lugar para mirar fijamente.  Un libro o un computador.  Algo que justifique la quietud y la presencia.  A mí me gustan los libros de historias cortas.  Si los vecinos de turno no hablan de nada interesante o permanecen callados, como pasa con las parejas de recién casados, puedo leer algún relato, mientras termino el café y salgo a buscar algo.  Un libro de salmos con pasta oscura de cuero es muy útil cuando se trabaja en las funerarias.

Yo no hago esto sólo porque me paguen.  Aunque si no me pagaran, muy seguramente buscaría otro oficio.  Me gusta lo que hago.  Me gusta oír historias de gente que no conozco.  Lo que más me distrae es imaginarme cómo son aquellos de quienes están hablando.  La gente siempre habla de otra gente, de personas que están en otro lado, incluso de desconocidos.  En las funerarias, cuando tengo tiempo, me gusta imaginarme cómo era el difunto.  Después de escuchar dos o tres conversaciones, ojalá donde hable la esposa o alguno de los hijos, y de leer algunos salmos, me acerco al cajón para saber qué tan bien me había imaginado al finado.

L.D. cuenta que las ciudades contratan a los que actúan como lunáticos para que los demás se sientan sanos.  A mí todavía no me cuentan para qué me contrataron.



***
Darío Vanegas, es abogado y periodista y reside en Canadá hace un poco más de dos años y medio.  Durante sus últimos ocho años en Colombia, trabajó como director de un periódico especializado en leyes (Ámbito Jurídico), de la casa editorial Legis.

Durante su estadía en Canadá, se ha dedicado principalmente a la escritura.  A principios de este año finalizó una colección de ensayos sobre la violencia titulada “Otra guerra que no me importa”, obra que está pendiente de ser publicada.

En la actualidad, combina la escritura de una serie para televisión que se estrenará a finales de este año en Colombia con la enseñanza del español como segunda lengua.
Reside en Milton, Ontario.

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